En ambos segmentos el riesgo empresario es distinto, aunque comparten el de la volatilidad de las commodities o los vaivenes político-económicos del país. Al margen de esto, las grandes empresas lidian con las barreras para-arancelarias en los mercados de destino, como la acusación por dumping de EE.UU. que frenó un negocio que en 2016 significó ventas por u$s 1.200 millones. En tanto que las Pymes, por tener relación con el precio de los combustibles en los surtidores argentinos, con frecuencia padecen irregularidades en la determinación del precio de su producto por parte del Estado. Fue lo que ocurrió en 2020, cuando el valor se mantuvo sin cambios casi todo el año, mientras la inflación no se detenía y también aumentaban las materias primas. El "descalce" que hubo entre costos y precio de venta obligó a cientos de plantas a parar la elaboración, situación que derivó -además- en el incumplimiento de la normativa, ya que las petroleras no contaron con el biocombustible necesario para "el corte".