-Era las dos cosas, es decir, era un outsider en términos de la emergencia de un liderazgo político, que no había hecho la carrera de la revolución, es decir, que no había participado orgánicamente como tantos otros en los 20 años que precedieron a su emergencia como gobernador de Buenos Aires. Al mismo tiempo era una persona muy importante porque formaba parte de esa elite económica en ascenso, que es una elite que sabe manejar muy bien los fluidos lazos entre el comercio internacional, el interno y lo que empieza a ser la expansión ganadera hacia el sur de la provincia de Buenos Aires. Rosas en la década de 1810 muestra un fuerte olfato en torno a los negocios y con sus socios Dorrego y Terrero, va a estar entre los primeros saladeristas de Buenos Aires, compra tierras, administra otras y ahí va construyendo no sólo una fortuna y una visión de empresario exitoso, sino que además va ganándose el respeto de gran parte de la elite política como, diríamos hoy, su consultor corporativo porque también tenía una gran experiencia en el conocimiento del mundo rural, muy conflictivo en aquellos años, que estaba en plena expansión hacia los territorios de los indios soberanos, entonces conoce muy bien el manejo con la frontera y con los indios, lo que él catalogaba como indios amigos e indios enemigos, y va creando distintos círculos de redes. Es muy respetado porque al momento de consultarlo o de enviarlo para concretar esta expansión, va a gozar de este saber sobre lo rural. Ahora, eso es una cosa y el personaje que salta a la política es muy vertiginoso.