-Nuestros accionistas siguen apostando por Argentina, más allá de los inconvenientes que tenemos. Nosotros somos el centro de producción de los productos biológicos para toda Latinoamérica y eso se va a mantener en los próximos años. Estratégicamente Argentina, más allá de todo lo que sabemos, para la biotecnología sigue ocupando un lugar importante en Latinoamérica. Es, después de Brasil, el más grande, con una historia farmacéutica enorme. En los países de Latinoamérica los cinco laboratorios de más venta son extranjeros y en Argentina es completamente al revés. Así que tenemos una industria farmacéutica potente y los productos biológicos o innovadores especiales como los nuestros permiten que Argentina, que tiene que importarlos, pueda utilizar nuestros productos biosimilares, lo que provocó la baja en los precios y por lo tanto que el acceso para los pacientes sea más barato. Una serie de beneficios no solo para nuestra empresa que no es una ONG pero para el Estado también.