Por Enrique Cruz (h)
(Enviado Especial)
Se equivocaron todos. Y los que acertaron fueron los de enfrente, los que tenían la camiseta granate (en realidad, la blanca con vivos, porque ayer Lanús jugó con el atuendo alternativo y Colón usó la rojinegra por ser el visitante). Se equivocaron los jugadores de Colón, sobre todo los defensores, a la hora de hacer lo que deben hacer (marcar); se equivocó el árbitro, que cobró un penal que no fue (¿cuántas agarradas de ésas hay en un partido?, cientos). Y también se equivocaron los que deben guardar cordura adentro de la cancha: los más experimentados. En este caso, Falcón y Garcé se hicieron expulsar en dos acciones perfectamente evitables, ya que Falcón, estando amonestado, cometió una fuerte infracción en perjuicio de Pellettieri (quizás, el “10” de Colón vio que el volante de Lanús le fue fuerte pero leal al Rulo Romero para sacarle la pelota); y fue inadmisible la reacción de Garcé, con el partido 4-1 y totalmente definido, reclamándole (o posiblemente excediéndose en el mismo) al árbitro por algún offside no cobrado.
El único que trató de poner un poco de paño frío a semejante estado de desesperación, fue el “Rengo” Díaz; justamente, el jugador de Colón más ovacionado de la noche, ya que la hinchada local no olvidó su destacado paso por la institución y el “olé, olé, olé, Rengooo, Rengooo” no se hizo esperar, cuando los rojinegros salieron al campo de juego. Obviamente -y como debe ser-, Díaz miró hacia la popular y se apoyó la palma de la mano derecha sobre su corazón, retribuyendo semejante muestra de afecto.
Esta vez lo gritó
Otro en el que se pusieron los ojos, fue en “Pepe” Sand. El ex Colón, tal cual ocurrió en el Apertura, volvió a convertirle un gol a los sabaleros, su ex equipo. Y fue también de penal, como aquella tarde en el barrio Centenario, sólo que esta vez lo gritó.
Al mismo Sand le cometieron la supuesta falta. Fue aquella maniobra en la salida de una jugada de ataque, y en la que Morales -la marca de Sand en las jugadas de pelota quieta- lo tomó de la camiseta.
Jugadas como esas, en un partido de fútbol, hay decenas. El árbitro estuvo muy fino y exigente para cobrar la pena máxima, que el propio Sand se encargó de convertir en gol con un remate bajo y levemente inclinado hacia el costado derecho de Blázquez.
Después de eso, Sand tuvo dos ocasiones claras. En un mano a mano definió mal y tapó Blázquez, en tanto que en el otro convirtió el gol, pero en posición adelantada y fue anulado.
Desequilibrados e impotentes
A medida que fueron llegando los goles de Lanús, algunos jugadores de Colón fueron cayendo en peligrosos desequilibrios. Por ejemplo, Falcón y Garcé se fueron expulsados, pero el que pudo correr la misma suerte fue el paraguayo Aguilar.
Cansado, seguramente, de correr a ese verdadero “demonio” que es Lautaro Acosta -aunque no fue la figura de Lanús, terminó siendo el más encarador en el mano a mano-, Aguilar le tiró una patada descalificadora en el segundo tiempo que, tranquilamente, pudo haber sido penada con tarjeta roja.
Fue la primera vez que Colón perdió con Abal, ya que en las anteriores ocasiones había empatado en dos y le había ganado a Lanús, precisamente en el torneo pasado y por 2 a 1 en el Centenario.
El desequilibrio emocional y la impotencia -o una cosa como producto de la otra- fue lo que terminó desarticulando por completo la imagen de Colón. Esta vez, la goleada no tuvo ninguna arista para rescatar, pues, si bien, al equipo le habían marcado cuatro goles ante Vélez, la reacción del final y un trámite parejo, en líneas generales, terminaron convirtiendo en digna a la derrota.
Lo de anoche fue totalmente diferente. A Colón le manejaron el partido, le tocaron la pelota, lo desbordaron con llamativa facilidad, no hubo reacción en ningún pasaje -salvo esa ráfaga interesante del inicio- y la goleada cayó por peso propio, aunque esta vez con un saldo aún más negativo: el de las expulsiones.
Sin adición
Debe ser la primera vez, en mucho tiempo, que el árbitro no adiciona un sólo minuto al tiempo reglamentario. Con el 5 a 1 consumado y con 9 contra 11 en la cancha, Abal dio por terminado el partido exactamente en el minuto 90. Razones para adicionar no había, salvo que se ajustara estrictamente a lo que establecen las instrucciones: calcular 30 segundos, aproximadamente, por cada cambio. Cinco de ellos se produjeron durante el segundo tiempo y el otro fue en el entretiempo. Sin embargo, Abal pitó el final sin adicionar nada. Es que tampoco hacía falta.
Ex dirigentes
En las plateas de la cancha de Lanús se observó la presencia de varios ex dirigentes e integrantes de agrupaciones. Por ejemplo, Gustavo Abraham, candidato a presidente en las últimas elecciones, vio el partido y se fue muy amargado tras la derrota, tal cual aconteció con todos los hinchas de Colón presentes en la tribuna visitante.
También se los vio a varios integrantes de la Agrupación Sentimiento y Movimiento Rojinegro, con Walter Cravero a la cabeza.
Entre los directivos sabaleros, se pudo apreciar, entre otros, a Rubén Moncagatta, Marcelo Maglianesi y Jorge Kaial.
Hinchadas amigas
Las hinchadas de Lanús y Colón mantienen una estrecha relación de amistad que se siente cada vez que ambos equipos se enfrentan.
Ayer, cuando ingresó el grueso de ambas parcialidades, de inmediato comenzó a escucharse el clásico cántico que las une: “El que no salta es de Banfield y Unión”.
Los hinchas de Colón manifestaron su disconformismo en la parte final del encuentro. Luego del gol de Biglieri (faltaban 8 minutos), varios de los simpatizantes ubicados detrás del arco ocupado por Blázquez, se subieron al alambrado y comenzaron a hacer fuerza con el ánimo de derribarlo, propósito que, obviamente, no consiguieron.



































