- A mí me sorprende que se repiten, bajo nuevas figuras, discusiones que ya son arcaicas, superadas, y que generan encandilamiento, como ahora con la Inteligencia Artificial, pero que es más de lo mismo. Eso pasó con los procesos de automatización, después con los de digitalización, después con los de los algoritmos. Es más de lo mismo. Es una posibilidad de conectividad muy amplia, rápida, basta, inconmensurable, que deslumbra. Y después vienen las lecturas críticas, pero hasta éstas son mal enfocadas, porque comienzan con esas diatribas: ¿La realidad miente? Claro que miente. Según lo que le preguntes puede decir A o B y te cambia; pero si lo generamos nosotros a eso. Entonces, no voy a entrar a discutir la Inteligencia Artificial por dos motivos. Primero, porque sería negar el desarrollo científico-tecnológico, que es inmensurable, desde la invención de la rueda hasta la fecha, y forma parte de nuestra cultura. Lo que sí me niego es aceptar que la discusión sea en este nivel: si buena, si mala, si miente, si no miente, si alcanza o cómo permea en el sistema educativo. El tema es que hay que dar un salto de la Inteligencia Artificial a una inteligencia más humana, más esencial, más espiritual. Pero no es con más Inteligencia Artificial que vamos a salir de esto, sino que ésta es la potenciación de una dinámica que ya tiene este paradigma.