Es que si bien la historia que se cuenta tiene un punto de partida, las situaciones de violencia se suceden en el mundo y, muy probablemente, a nuestro alrededor, donde el racismo y la discriminación por razones de género están vigentes. Entonces, es importante preguntarnos qué hizo y qué hace la sociedad en esas situaciones; dónde estuvieron los victimarios, los observadores y los protectores. "Ana escribió el libro porque existieron protectores, se pudo esconder y salvar su vida durante dos años porque hubo quienes la escondieron, le llevaron comida y la hicieron persona frente a un nazismo que deshumanizaba", reflexiona Simoniello. ¿Dónde estarían esos protectores hoy? "Tal vez en un sindicato, una vecinal, un espacio político o en la misma calle".