En 1969, nació su hija Abigail, pero el matrimonio se divorció en muy malos términos cuando la nena no había cumplido dos años. Dicen que un noche la beba lloraba y Hopkins harto de escucharla se fue de la casa para nunca más volver. Pero no solo mostraba serios problemas con la fidelidad matrimonial y la paternidad también vivía una situación mucho más compleja con el alcohol. Para esa época comenzaba su camino al éxito, ya actuaba en diversas obras de teatro y su nombre empezaba a ser no solo conocido, también muy valorado, pero al terminar la función mientras sus compañeros regresaban a sus casas, él comenzaba una ronda por los bares donde bebía cerveza y tequila hasta perder el control.


































