-Sí, paralelamente, fue mayor el tiempo dedicado a la investigación, a anexar volúmenes inhallables y, finalmente, a enfrentar lo más difuso o legendario de cada voz. Detecto, como sucede en mis otros libros, que es allí donde empiezo a convivir con los equívocos, las vaguedades, los márgenes de las historias, las fisuras que proporcionan un sin-sentido en algunas traducciones y en las reproducciones de cuadros. Explorar y desestimar es una práctica severa, no me interesa comunicar aspectos teóricos, ensayísticos, explicativos. Es en esos resquicios, donde comienzo a nombrar, como si balbuceara una lengua nueva que arrastra, inevitablemente, ciertas particularidades derivadas de mi subjetividad; la frontera no es infranqueable en términos absolutos. Entiendo, al comenzar cada proyecto, que desmenuzar la realidad sitúa al corpus literario en una arista que juega con la recreación de los hechos y los tensiona hasta falsearlos si es requerido. En consecuencia, asumir el riesgo revitaliza la escritura o la paraliza, de ello depende si logrará irrumpir el universo poético buscado o si será malogrado antes de nacer.