-Más de la cuenta. El ejemplo de corrección al extremo era Borges, que el tipo vivía corrigiendo y bueno, algo de eso me pasa. Creo que hay un trabajo previo que te autoriza luego a hablar de inspiración o lo que sea, porque definitivamente hay una cosa inicial y después el laburo del poema continúa, no se termina con ese momento de escritura inicial. Siempre podés mejorarlo. De las tres categorías más amplias de la literatura, reescribir la poesía es mucho más difícil que trabajarla, me di cuenta ahora que estoy terminando un libro. Y también eso de dejarlo reposar al manuscrito y al releerlo, uno siempre encontrará algo más para agregar o corregir. A mí me marcó bastante ese diálogo inicial con Hugo Diz, él siempre comprimía mucho y marcaba el asunto de la condensación, entonces yo normalmente intento sacar palabras. Ahora Hugo está fallecido y sé que si agarrara mis poemas me quedaría con la mitad, porque él era un limpiador compulsivo. Pienso en los ensayos de poesía de Gastón Bachelard, en “La poética del espacio”, y en sus libros sobre el aire y los sueños, una serie de ensayos en donde se aprende un montón. “El Arco y la Lira” también, de Octavio Paz, pero el intercambio con algún amigo determina mucho tu obra. Me acuerdo de Guillermo Ibáñez que me hizo unas sugerencias. Era buen lector y un gran poeta. Falleció hace unos años; dirigía Ediciones de Poesía de Rosario y una revista también que era Poesía de Rosario. Edité dos libros con él, le gustaba lo que yo hacía y para la segunda edición, me dijo concretamente que sacara los artículos y me puse a ver los poemas y digo, mirá vos con este detalle cómo ganan los poemas, porque te obliga a armar mejor la oración. Una cosa de poda interesante. Siempre estuve atento a lo que me han dicho, alguna lectura que ha podido salir, algún comentario. He recibido críticas malas, no de mala leche, pero sí gente que me ha dicho, mirá esto, tal cosa y uno intenta de todo sacar algo, ¿no? El proceso creativo tiene mucho que ver con la lectura que también es una manera de conformarme y consolarme de que querría dedicarle más tiempo y no puedo. Pero si estoy leyendo poesía, o narrativa, ensayo, o filosofía, estoy de alguna manera haciendo poesía.