“Si no hubiese sido tan rico, habría llegado a ser un gran hombre”. La afirmación que realiza Charles Foster Kane, el magnate que crearon Orson Welles y el guionista Herman J. Mankiewicz para “El ciudadano” (Citizen Kane, 1941) es una especie de síntesis de la trama de una de las películas más influyentes de la historia del cine, en especial luego de la revalorización que hicieron de ella los referentes de la nouvelle vague francesa. Es que Kane, como todo personaje que se precie, está lleno de contradicciones y ahí radica su atractivo.


































