—La cantidad de tangos es infernal. Por eso buscamos dentro de los tres estilos dentro del género. Incorporamos un par de milongas, un vals y tangos clásicos. En cierto sentido no basamos, dentro de lo clásico, en lo que más nos gusta y en lo que íbamos escuchando y nos parecía que podíamos sacarle rédito con este tipo de formación que incluye guitarra y bandoneón. Más que nada porque el orgánico de guitarra y bandoneón plantea esta cuestión del dialogo, del ida y vuelta. No tiene el power de un cuarteto o de una orquesta típica. Siempre los tangos tienen dos cosas, una parte rítmica y otra más expresiva. Entonces, buscamos algunos que tuvieran los dos cosas. Que sean picantes o tengan ese sentido de baile en la parte rítmica. Y en la parte expresiva, una melodía profunda. De Horacio Salgán, hacemos “A don Agustín Bardi”, que es muy rítmico pero a la vez tiene una melodía muy expresiva. “Chiqué” y “Danzarín” lo mismo. Cuando vas a lo rítmico, la guitarra y el bandoneón suenan muy bien de manera colectiva, entre los dos. Y cuando vas a lo expresivo, a lo más “tano” del tango, un tango como “Danzarín” te brinda un montón de eso.