Fue gracias a su peculiar aspecto, siempre con un gesto adusto, algo triste y melancólico, además de su habilidad para interpretar los más diversos géneros y su presencia constante en la pantalla chica, que el actor se consiguió un fanático que lo transformó en un actor inolvidable para los cinéfilos. Cuando a principios de los años noventa conoció al director Paul Thomas Anderson, en aquel tiempo un asistente de producción de un olvidable telefilm, según contó el actor en una entrevista publicada en 2017 por The Washington Post, se hicieron amigos rápidamente: “Me dijo que era fan de mi trabajo, ¿Cómo no me iba a caer bien?. Hablábamos, fumábamos y tomábamos café”.