Ignacio Andrés Amarillo
iamarillo@ellitoral.com
Hacía varios años que “el Nano del Poble Sec” no pisaba Santa Fe: había pasado cerca, y la expectativa no era poca. Cuando se anunció que el show sería finalmente en el estadio Ángel P. Malvicino, volvió el recuerdo de otras venidas, de la presentación de “Sombras de la China”, cuando el espacio era flamante, y las venidas posteriores con “Cansiones” y “Mô” (Versos en la boca se presentó en Patronato de Paraná). Y las sorpresas se rumoreaban, ya que hubo invitados en otros conciertos de la gira: todo listo para que la de anoche (presentación de la “Antología desordenada”) fuese una velada memorable.
Telón y bambalinas azules vistieron el escenario como un teatro grande, con una iluminación discreta y un garabato como de luz de neón, en el que el juego de colores destacó por momentos los trazos de la firma del cantautor. Pasadas las 21.45, se encaramaron en la línea de fondo Raúl Ferrer entre el bajo y el contrabajo, y Vicente Climent, con su batería encerrada en su mundo de acrílico. Al centro, como un número cinco habilidoso, David Palau, rodeado de guitarras. Y al frente, las dos personas que han aportado más al sonido Serrat como arregladores y directores musicales: el mítico Ricard Miralles (quien volvió desde hace un tiempo a liderar la backing band), aportando su característico toque en el piano; y Josep Mas “Kitflus”, trayendo desde los teclados las cuerdas, vientos y demás ornamentos para vestir las canciones.
A través de los años
Y con ese apoyo salió él: traje negro y camisa, de andar vigoroso para sus 71 años, casi sin acusar esa pequeña renguera de la pierna izquierda, ante la ovación general. “El Carrusel del Furo” abrió el set (con un volumen un poco bajo al principio). “Bienvenidos a esta casa y esta fiesta, que es la suya” fueron sus primeras palabras de agradecimiento por compartir “esta irrepetible noche. Arpegio de guitarra y entrada a “De vez en cuando la vida” y “De cartón piedra”, con su final a media voz.
Ahí cayó un discurso picaresco sobre las efemérides, sólo para decir que este año cumple 50 años en los escenarios, bromear con las señoras que le gritaban piropos (mandando alguna al oculista) y charlar con una que se atrevió a acercarse.
“Mi niñez” trajo melancolía, para ir a “Hoy por tí, mañana por mí” (coescrita con Joaquín Sabina para “La orquesta del Titanic”. Recordó la situación de los chicos de la calle y la miseria para dar pie a “Niño silvestre” (una de esas canciones más oscuras, de los ‘80), guitarra en mano; para de ahí pasar al pícaro swing de “Algo personal”.
En ese momento abordó un enganchado de dos canciones en catalán: “Cançó de bressol” (“Canción de cuna”), dedicada a su madre (interrumpida por una repentina tos, el único momento en que pareció flaquear su voz, que se mantuvo entera durante todo el concierto) y la popular “Paraules d’amor”. Luego, “Fa vint anys que dic que fa vint anys que tinc vint anys” (“Hace 20 años que digo que hace 20 años que tengo 20 años”), explicando la retitulación del tema que compuso a esa edad, que ya triplicó y pasó: “Un catalán nunca tira nada, y menos algo que sea un éxito”.
Amigos del sur
La vuelta al castellano fue con “El sur también existe”, con sus giros benedettianos. Habló su relación con el sur, con la Argentina, de la que quedó “prendado” en el ‘69 (“es cierto”, dijo alguna señora suspirando) y de las cosas que aprendió, como los chinchulines, el Smuggler y las canciones de Atahualpa Yupanqui: así dio paso a “Vendedor de yuyos”, para levantar con “Mediterráneo”.
Recordó que cantó con “Troilo (“no lo encontrarán en YouTube, hay un mundo antes de Windows”), con Pugliese, con Rivero, con la “Negra” Sosa, con María Elena Walsh... y con alguno que aún sigue vivo”. Ese fue el pie para la entrada de los invitados, empezando por la santafesina Nilda Godoy, elegida para compartir entre abrazos “Aquellas pequeñas cosas”. Tras el aplauso entró “un viejo amigo”, Roque Narvaja, para hacer a dúo “Lucía”, una de esas canciones para cortarse las venas si uno viene flojo. Otra santafesina, Itatí Barrionuevo (con hinchada propia, y despampanante en su vestido dorado) puso su caudal a “Es caprichoso el azar”; también hubo algún mimo para ella.
Y el invitado central fue sin duda el ovacionado Ismael Serrano, “no es argentino pero es como si lo fuera”, según Serrat: con él hizo “Esos locos bajitos”. De los “ahhh”, pasaron ya, todos juntos, a “Fiesta” repartiendo la letra por turnos.
Verso a verso
De vuelta solo, arrancó con “Romance de Curro ‘El Palmo’ ”, otro golpe bajo hecho canción, para llegar al clímax con “Hoy puede ser un gran día”. Ese fue el primer cierre, pero la ovación pedía más: volvieron con “No hago otra cosa que pensar en ti”, sobre la cual presentó a la banda, y “Para la libertad”, con un arranque medio raro, que rápidamente acomodaron.
Segunda salida, y vuelta con la terrible “Pueblo blanco”, en una versión sutil, un poco menos terrible. Pero para no dejar a la gente en el cementerio, el final fue con “Cantares”, con la multitud coreando a gritos los versos de Antonio Machado, “caminante, no hay camino, / se hace camino al andar”.



































