En octubre de 1968 un desconocido llamado George A. Romero estrenó “La noche de los muertos vivos”. Había zombis, pero estos poco tenían que ver con aquellos que habían mostrado Edward y Victor Halperin en “White Zombie” (1932) o Jacques Torneur en “I Walked with a Zombie” (1943). Ahora estas criaturas “sin alma” eran la excusa para dialogar, desde los esquemas del género del terror, sobre las problemáticas de la sociedad contemporánea. Detrás de las fachada gore era posible leer miradas ácidas sobre el racismo, la contracultura y hasta la guerra de Vietnam. Como señala el escritor y Adisakdi Tantimedh, “ésta es la película de terror que elevó el listón del género en la segunda mitad del siglo XX y alejó las historias de las anticuadas convenciones góticas del pasado, para arrojarlas a la luz fría y despiadada del presente”.


































