La segunda parte, más ecléctica, abrió con tres piezas del compositor contemporáneo argentino y maestro bandoneonista Dino Saluzzi (a quien le dedicara el álbum “Imágenes”, “uno de los 20 mejores discos del año 2015” según Ted Gioia del New York Times), que tuvo en el Carnegie Hall su premiere estadounidense: las mismas fueron “La casa 13”, “Claveles” y “Donde nací”. No se privó, en tierra santafesina, de vincular la obra de Saluzzi con la de Carlos Guastavino y Ariel Ramírez, contando cómo hizo lo propio con la música andina. “Es un lenguaje muy abstracto, un camino muy propio: es tan importante la música que van a escuchar como los silencios. Es una música de introspección absoluta, él va jugando con distintos ritmos folclóricos, con su infancia y con lo que siente por la música argentina”.