Lo primero que sucedió fue por un lado una discusión sobre el modo de llevar a cabo estas mismas artes escénicas, que quizá su faceta más comercial (pensemos en el teatro de la calle Corrientes) venía apoyándose en figuras de la televisión y en puestas en escena muy clásicas, muy "a la italiana" que quizás reforzaban ese distanciamiento entre el espectador y el actor, rompiendo con ideas de simultaneidad o experiencia sensorial que vienen desde por lo menos los años 60 (pero con una historia anterior que corresponde a los grandes reformadores del teatro como Stanislawski, Copeau, Meyerhold, Brecht, o, más acá, Grotowski, Barba y Mnoushkine.