"Lo más importante que aprendí de la vida es a morir. Todos los días aprendo a aceptar un poco más mi muerte. Todos los días, por lo tanto, vivo-un poco mejor".
Florencia Dávila y el esperancino Mariano Baez realizaron "Donn. Instrumento de Dios". Una película que rescata, entre archivos inéditos y VHS, la mística del bailarín que conquistó a Béjart e interpretó gloriosamente el "Bolero" de Ravel.

"Lo más importante que aprendí de la vida es a morir. Todos los días aprendo a aceptar un poco más mi muerte. Todos los días, por lo tanto, vivo-un poco mejor".
La historia de la danza argentina tiene nombres que son sinónimos de vanguardia, pero pocos poseen el aura de Jorge Donn. De ser rechazado en el Teatro Colón a los 16 años, a trabajar con Maurice Béjart, su vida fue un intenso arco dramático que un nuevo documental intenta desentrañar.
Bajo el título "Donn. Instrumento de Dios", los realizadores Florencia Dávila y Mariano Baez se adentran en un archivo complejo para “reconstruir” al artista que paralizó al mundo con su interpretación del Bolero de Ravel. Pero también para mostrar al hombre que debió aprender a morir frente a las cámaras, acechado por el virus del SIDA.
Para el público de nuestra región, el proyecto tiene un condimento especial. Mariano Baez, codirector del film es oriundo de Esperanza. Tras sus inicios en las artes escénicas y un recorrido que lo llevó desde los escenarios porteños hasta la dirección de videoclips para bandas como "Él Mató a un Policía Motorizado", vuelca ahora su mirada sobre Donn.
Junto a Dávila, propone un "collage audiovisual" que utiliza diversos formatos y texturas (desde el 16 mm al VHS), para poder mostrar la luz que Donn irradiaba. En un trabajo de "arqueología" cultural que busca, finalmente, otorgarle al bailarín el lugar que su propio país a veces le retaceó.
En diálogo con El Litoral, Flora y Mariano detallan los desafíos de "armar este rompecabezas" de una vida que fue, en esencia, una obra de arte total.
-Jorge Donn aparece como algo más que un bailarín, casi como una figura atravesada por algo más espiritual, más profundo. ¿En qué momento ustedes sintieron que la historia iba por ese lado y no solo por el típico biopic?
-Desde el primer momento encontrás que hay algo poderoso y distinto en él. El contenido espiritual apareció en cuanto comenzamos a avanzar en nuestra investigación, y esa profundidad de la que uno es testigo cuando aparece Donn ante nosotros es evidente.
En este sentido, en esta película más que en datos que relatan su vida, buscamos centrarnos en mostrar su esencia así como su personalidad.
Entonces estos eventos espirituales, más o menos explícitamente, nos visitan a medida que avanza la trama, así como también se ven reflejados en la transformación que Donn mismo va sufriendo. Este es un punto que para nosotros era clave mostrar.
-La relación con Maurice Béjart es clave y tiene muchas capas: artística, personal, incluso amorosa. ¿Cómo abordaron ese vínculo para que se entienda en toda su complejidad sin caer en lo obvio?
-La relación entre Béjart y Donn supera a la de una relación romántica, esta muta en otra cosa, y el amor y la creación entre ellos prevalece. De vuelta, parece ser algo conectado con otro orden de existencia, lo suyo parece darse en un ámbito de mutua inspiración, donde uno sirve al otro para poder concretar lo propio.
Esto nos parece fascinante, es una entrega doble que culmina en la máxima expresión de sí mismos a través del otro. Precisamente compusimos esta película poniendo el foco en cada estímulo que teníamos a disposición que mostrara estas capas interesantes y poco convencionales.
Este vínculo es otro de los temas centrales de la película y nuestra meta era poder comunicarlo bien.
-El uso del archivo es muy fuerte y le da identidad a la película. ¿Cómo fue el proceso de encontrar ese material y, sobre todo, de armar un relato que no sea solo acumulación de imágenes sino una historia que te lleve?
-El archivo que existe es fantástico. Donn baila sus roles en los ballets, con atmósferas muy distintas, participa en entrevistas y programas, se muestra a sí mismo en documentales simplemente siendo él.
Y, como si fuera poco, también actúa en películas, mayoritariamente de Béjart, aunque también por supuesto en "Los Unos y los Otros". Y utilizamos a estos personajes que él interpreta para que lleven adelante la historia.
El trabajo de edición fue intuitivo, personal y preciosista en sus detalles. En el proceso de montaje, si bien estuvo guiado por la estructura dramática y por los diferentes ballets y momentos puntuales de la vida de Donn, la película terminó de encontrar su forma y su ritmo cuando fuimos guiados también por cada imagen o cada archivo y lo que éstas tenían para decir.
Algunas secuencias encontraron su lugar de formas bastante mágicas como si siempre hubieran estado esperando para formar parte de ese preciso instante de este documental, este proceso nos dio momentos muy gratificantes.
-En el documental aparece esta idea de que Donn fue más reconocido afuera que en Argentina, como medio olvidado acá. ¿Ustedes sienten que la película también viene a saldar esa deuda o a reponer su figura en el país?
-En Argentina a nivel personal y a nivel profesional a Donn le resultaba todo trabajoso pero al mismo tiempo era el reconocimiento que más anhelaba.
Y entendemos que no se sintió valorado en su momento y que realmente la respuesta local -que no solo la conocemos por los testimonios familiares sino también por los medios de comunicación de esa época- fue la de desestimarlo y como de hasta un cierto ninguneo.
El efecto reivindicativo que pudiera tener la película por supuesto nos encanta y es un objetivo claro de la misma. Ojalá que sí, que la película tenga la expansión a escala de lo que significa volverlo a poner una vez más en la mira, y esta vez en perspectiva ver qué genera Donn en Argentina y en todas partes.
Y ojalá que la película pueda tener ese nivel de llegada también a las audiencias jóvenes que ahora podrían tener la oportunidad de conocerlo por vez primera, postmortem. Este será el trabajo de alguien más, nosotros ya hicimos la película, ahora toca el turno de que tenga una distribución y una difusión a su altura.
-Viniendo de trayectorias más ligadas a lo independiente y lo experimental ¿cómo hicieron para equilibrar esa mirada más autoral con la idea de llegar a un público más amplio?
-Nosotros no creemos en un arte y un cine elitista, a veces lo de nicho, culto y lo underground se da porque hacés y creás en el instante, en el medio que sea que habites en ese momento y los intercambios naturales en esos ambientes generan que termine siendo en ambientes cerrados, pero no para nosotros el gusto nunca estuvo en ser excluyentes.
Llegar a hacer algo popular de alcance masivo y que tenga un lenguaje que llegue a todos, o al menos a muchos, y que al mismo tiempo no se rinda a los lugares comunes o incluso a la vulgarización del arte mismo es lo más importante que podríamos hacer, intentamos estar recorriendo ese camino.
Nuestra mirada personal es todo lo que aprendimos, esculpimos y viene con nosotros desde nuestros inicios. La idea fue reconocer en esta historia su arco narrativo y trabajarlo cronométricamente, y así utilizar esa estructura llevadera para que las ideas complejas, la belleza visual y la sonora en esta obra lleguen con simpleza a la mayoría.
Sin brecha generacional, sin afiliación a ningún club ni partido. Y llegan porque forman parte de una historia humana que trasciende esas catalogaciones. Por otro lado, la misma "Compañía del Siglo XX" de Maurice Béjart para la que bailó Donn toda su vida, tenía ese móvil, buscaba acercar el ballet al gran público y volverlo popular.
Sus performances eran en teatros y teatros ópera, pero también en estadios, en plazas, en monumentos históricos que pertenecen a todos, y logró ese objetivo, al menos por tiempo, y con el aporte de Donn.
Nosotros fuimos inspirados por esta compañía, por Béjart, por Donn, por su colaboración, hacemos esta película, y esperamos también que los que la vean de una manera u otra se sientan inspirados para lo que sea que les sirva.




