El amor es un asunto complicado en la vida cotidiana. Y en el cine, mucho más. Lo sabía Woody Allen cuando filmó “Annie Hall” en 1977. También Reth Butler, luego de intentar una y otra vez obtener un “te quiero” por parte de la fría Scarlett O’Hara, encaprichada con Ashley Wilkes en “Lo que el viento se llevó”. Y Omar Shariff cuando atraviesa un desierto blanco y helado para reencontrarse con Julie Christie en “Dr. Zhivago”. Pero, entre todos, los que mejor comprendieron que amar es ingresar sin boleto de retorno a un mundo de problemas fueron Ryan O’Neal y Ali MacGraw, quienes en “Love Story” lucharon contra viento y marea para poder estar juntos a pesar de la oposición de sus familias (y de sus diferentes entornos) y finalmente fueron derrotados por una fuerza ayor que cualquier convención social.


































