-Lo de mi edad influye porque terminé el secundario en el año 1976. Vengo de una familia de clase media acomodada, si vale la aclaración. Esto hacía que tuviera ambiciones o incentivo para ser profesional. Por aquella época, las carreras que se consideraban eran Ingeniería, Ciencias Económicas, Medicina, Abogacía y gracias. No existía otra posibilidad más en una familia como la mía. Si decías que ibas a hacer educación física, ya era un caso raro y yo estaba enfocado en ser Ingeniero Mecánico. Rendí bien el examen de ingreso porque era aplicado, nunca me llevé materias, era un poquito quilombero pero estudioso. Empecé la carrera con ánimo y deseo de desarrollarme en la vida y demás yerbas, pero tuve la desgracia de que mi comienzo diera con el inicio del gobierno militar. Aún así, hice cinco años de carrera y esta gente logró que un tipo con muchos deseos de brindarle cosas buenas al país, porque ese era el concepto que tenía, hicieran todo lo posible para aniquilarlo, y lo lograron. El gobierno militar aniquiló dos generaciones, hubo una primera generación que fue aniquilada físicamente, o casi. Por ejemplo el caso del escritor Eugenio Previgliano, que éramos relativamente compañeros en la Facultad, con 18 años estuvo preso mucho tiempo y era militante peronista. Mi caso no era el de la militancia en ese momento, pero me comieron, me cocinaron intelectualmente. Porque somos esa parte que no salió a la luz, no fueron solamente los muertos y desaparecidos sino la otra tanda de gente diezmada. Más tarde pude escuchar música y ver películas de esa época, muchos años después de que terminara la dictadura, porque todo estaba prohibido. Mi idea era ser un buen ingeniero brindado a la sociedad y a mi país y probablemente hubiera sido un tipo creativo de antemano. Muy pocas veces recuerdo esta parte de mi vida porque me duele mucho. Entonces me pasé a Analista de Sistemas en la Universidad Tecnológica Nacional. Estudié cinco años, milité en política, fui de Franja Morada; fui un ferviente seguidor de Raúl Alfonsín y lo sigo admirando, pero también sufrí los coletazos de lo que había sido la Facultad en la época de gobierno militar. Porque todavía quedaban esos docentes y faltándome tres materias para recibirme, dejé la carrera. Tuve una desavenencia en una mesa de estudios como ya había tenido en Ingeniería y ahí se terminó, “nunca más me pongo enfrente de un profesor o profesora hijos de su madre”, me dije, y empecé a trabajar. Ingresé en Philips Argentina como asistente de gerencia y ahí tomé mi camino. Después de unos años en Philips, me fui a Isaura, una petrolera que no existe más; era representante de ventas y de repente tenía una zona a mi cargo. Después fui gerente de una pequeña distribuidora; de ahí pasé a otra y después cubrí cargos gerenciales hasta los 50 años más o menos, en empresas de mediana para arriba e internacionales algunas. En el medio me casé, tuve tres hijas y toda esa etapa familiar, la cubrí con esos cargos más o menos piolas que tuve.