El Capitán General Gaboto, nunca prestó atención a las creencias ancestrales de los pueblos originarios, ni se interesó demasiado en las señales que la naturaleza del nuevo mundo ofrecía en forma prolífica, tampoco había cultivado la intuición, además pensaba firmemente que la ambición, hija predilecta de la fría razón humana era la fuerza que movía al universo.



































