Hace exactamente 55 años, San José del Rincón concretó un reconocimiento público a una de las figuras culturales más influyentes de su historia.
El 30 de enero de 1971 se realizó el acto que impuso el nombre de Luis León de los Santos a una de las arterias de la ciudad costera. ¿Quién fue y por qué se justifica este reconocimiento? La crónica que publicó El Litoral.

Hace exactamente 55 años, San José del Rincón concretó un reconocimiento público a una de las figuras culturales más influyentes de su historia.
El 30 de enero de 1971, autoridades municipales, vecinos y representantes del ámbito artístico y literario participaron del acto de imposición del nombre Luis León de los Santos a una calle, en la intersección con Juan de Garay.
La ceremonia fue reseñada por El Litoral el domingo 31 de enero de 1971. Fue un homenaje que trató de resaltar todo lo que hizo en materia educativa, cultural y filantrópica este "mecenas" radicado en Rincón a mediados del siglo XX.
El homenaje se desarrolló cuando el sol empezaba a bajar sobre el paisaje costero, con una amplia concurrencia integrada por artistas, escritores y periodistas de Buenos Aires, Rosario, Santa Fe y Rafaela, vecinos y autoridades.
A las 20.15, desde la casa-museo del homenajeado, Amparo y Mercedes de los Santos, hermanas de Luis León, descubrieron la placa de mármol con la nueva denominación de la calle.
El acto fue encabezado por el entonces intendente de Santa Fe, Dr. Conrado Puccio, y por el presidente de la comisión de homenaje, Francisco Puccinelli, reconocido acuarelista que retrató en numerosas ocasiones el paisaje rinconero.
Entre las autoridades presentes se encontraban representantes del gobierno provincial, funcionarios municipales, el delegado comunal en Rincón y miembros del ámbito cultural, lo que dio al homenaje un carácter institucional amplio y transversal.
En su discurso, el intendente Puccio destacó la decisión de Luis León de los Santos de establecerse en San José del Rincón durante los últimos años de su vida. Subrayó su integración plena a la comunidad y su continuidad como formador aún después de su jubilación.
Puccio remarcó que el homenajeado eligió vivir en Rincón y que también construyó allí su casa-museo, concebida como un espacio abierto a la educación y a la difusión artística. Desde ese lugar, sostuvo, continuó transmitiendo valores vinculados a la sensibilidad cultural, el respeto por el talento y el desinterés material.
El discurso central estuvo a cargo de Puccinelli, quien evocó la figura de De los Santos en el primer aniversario de su fallecimiento. Puccinelli, además de presidir la comisión organizadora, fue un artista profundamente ligado a Rincón, cuyas acuarelas contribuyeron a fijar una imagen identitaria del paisaje costero.
En su intervención, destacó la decisión de De los Santos de abandonar Buenos Aires para radicarse en un entorno más apacible, como expresión de su vínculo con la naturaleza y con una vida alejada del circuito artístico centralizado.
También recordó sus múltiples donaciones a instituciones culturales del país y del exterior, y la importancia de esas acciones en el fortalecimiento del patrimonio público.
"Su distinción, su delicadeza y su nobleza están condensadas en una poesía que German Berdiales le dedicara y que dice así: "Algo de marqués en todo / en todo, de artista algo / los ojos, ojos de niño / manos de monje las manos / también de monje la frente / vitral de gótico arco", citó Puccinelli.
Y cerró en forma poética. "Que la placa donde está inscripto su nombre la alumbren el sol, la luna y las estrellas: que la acaricien los vientos y la avive nuestra mirada, como ofrenda emocionada de nuestro espíritu hacia su espíritu purificado en lo más noble de nuestros corazones".
De los Santos nació en Barcelona en 1897 y llegó a la Argentina siendo niño, en el marco de las grandes corrientes inmigratorias del siglo pasado. Se formó como maestro y, en 1919, obtuvo el título de Profesor Especializado en Letras, consolidando una trayectoria vinculada a la educación y la cultura.
Entre 1920 y 1930, su casa en el barrio porteño de Palermo fue punto de encuentro para artistas. Allí inició una colección de obras que luego tendría un destino público. Ejerció la docencia y participó en la creación de un museo en el barrio de La Boca.
En 1940, una visita al Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodríguez marcó el inicio de una relación que sería fructífera para la historia santafesina. Donó 24 obras al museo.
Posteriormente, realizó aportes al Museo Nacional de Bellas Artes, a Amigos del Arte de Rosario y donó manuscritos de escritores hispanoamericanos a la Biblioteca Nacional de Lima. En 1955, se estableció en San José del Rincón, paisaje que eligió para vivir hasta el fin de sus días. Allí, está inmortalizado en una calle.




