Para medir el impacto cultural que tuvo “Top Gun” hay que unir dos fenómenos aparentemente inconexos que siguieron al estreno del film, en mayo de 1986. El número de alistamientos al programa de caza de la marina estadounidense aumentó de un modo considerable y el póster con la foto de Tom Cruise ocupó paredes y carpetas de quinceañeras en todo el planeta. Como pocas veces una cinta de acción norteamericana con todos los condimentos esperables para su época (trasfondo militarista, nacionalismo excesivo, exaltación de la virilidad, adrenalina y algo de romance) logró conformar de tal manera a todas las franjas del público hasta recaudar 360 millones de dólares. La crítica Joanna Berry la define con exactitud como “un homenaje cargado de testosterona a los hombres que necesitan sentir la velocidad”. Podría agregarse que -Cruise mediante- también logra sintonizar con la platea femenina.



































