El año pasado, la pandemia planteó una serie de dificultades y desafíos a todos los sectores, entre ellos, la industria cultural. Algunos artistas “aprovecharon” el encierro para avanzar en grabaciones, rescatar proyectos “perdidos” (pero no olvidados) o fidelizar aún más el vínculo con el público. Antonio Birabent fue uno de ellos: entre marzo y diciembre publicó “Las Lenguas Muertas” (Las Lenguas Muertas), “El interior del volcán”, “Flores en Versalles” (con Marcelo Filippo) y “La última montaña” (con Moris). Junto a El Litoral, el músico buceó en la pulsión y el concepto a partir de los cuales urdió cuatro hiladas más a un entramado prolífico y ordenado por el azar.


































