Aquel circo internacional que visitó Santa Fe, a principios del siglo pasado, eran verdaderas empresas faraónicas de ribetes épicos y situadas en pleno periodo de entreguerras. El circo sufrió de cerca el flagelo de la guerra, al mudarse de país en país y viajar junto a diversos artistas procedentes de distintas nacionalidades. Eran las primeras grandes empresas artísticas en cruzar el mar Atlántico con sus gigantescos buques y luego en ferrocarril por todo el continente. El circo en los años veinte nos presenta una circularidad de migrantes y de ideas, en donde las fronteras nacionales se ven inmersas en un mundo global y transnacional.
































