De la mano del Papa Pío XI, desde mediados del siglo XIX, cada 8 de diciembre, la Iglesia católica venera la Inmaculada Concepción de la Virgen María, una festividad religiosa que tiene origen de carácter bélico, al tener relación con el Milagro del Empel, acontecido en la Guerra de los Ochenta Años, en 1585.

































