El apagón que sacudió este jueves a la Ciudad de Buenos Aires y al conurbano tuvo un origen concreto: una falla en el sistema de alta tensión registrada a las 14:45 en la Subestación Morón, en el nivel de 220 kV. El incidente generó un impacto inicial sobre unos 800.000 clientes.
El corte se sintió con fuerza en plena tarde de calor extremo, cuando la sensación térmica superaba los 36 grados. La falta de suministro afectó a barrios porteños y a zonas del corredor norte y oeste del área metropolitana, con complicaciones también en el transporte urbano.
La falla y el impacto en cadena
La contingencia comprometió cerca de un tercio de la demanda total de Edenor. La interrupción se propagó con rapidez en el sistema y, por arrastre, alcanzó también a usuarios abastecidos en la zona de Edesur, lo que amplificó el alcance del apagón.
El corte afectó a 800 mil usuarios y la reposición se dio por etapas. Foto: ReutersEn paralelo, se reportaron semáforos apagados, comercios trabajando a media máquina y vecinos siguiendo la evolución del corte minuto a minuto. En distintos puntos del AMBA, la postal fue la misma: veredas llenas, calor acumulado y la espera por el regreso de la energía.
Reposición por etapas y protocolos de emergencia
Una vez detectada la falla, se activaron de inmediato los protocolos operativos para la reposición del suministro. La normalización se realizó por etapas y en coordinación con otros actores del sistema eléctrico, en un esquema de maniobra destinado a recuperar el servicio sin comprometer la red.
A los 30 minutos del inicio del incidente, más del 50% de los usuarios afectados ya contaba con electricidad. Dentro de la primera hora, el porcentaje de reposición superó el 90%, aunque todavía quedaban sectores puntuales con cortes intermitentes.
El apagón impactó en barrios del AMBA y generó demoras en el transporte. Foto: XinhuaBarrios y servicios afectados en la tarde
El apagón se sintió con mayor fuerza en el corredor norte de la Ciudad y del Gran Buenos Aires, con reportes de interrupciones en zonas residenciales y comerciales. La situación también impactó en el transporte: hubo complicaciones en el subte, con interrupciones y demoras que luego se fueron normalizando.
Con el correr de la tarde, el suministro fue regresando en forma escalonada. En el tramo final, el objetivo fue estabilizar el sistema para evitar nuevos saltos de tensión y consolidar la recuperación del servicio.
La falla reabrió, además, una discusión recurrente en cada verano: la fragilidad de la infraestructura ante picos de consumo y temperaturas extremas. En el AMBA, cada episodio de este tipo vuelve a exponer la necesidad de inversión sostenida y respuestas rápidas para evitar que el calor se convierta, también, en una emergencia urbana.