"No hace falta venir de un lugar perfecto para seguir tus sueños", resaltó Lorna, con una convicción de quien pasó la vida acortando distancias entre el asfalto de barrio y el infinito. Cuando era apenas una niña en Lanús, Buenos Aires, aquel cielo tapizado de estrellas parecía un misterio inalcanzable; hoy, a sus 37 años, ese mismo firmamento es su oficina y su próximo horizonte.




































