El 31 de marzo de 1951, exactamente hace 70 años, los ingenieros J. Presper Eckert y John Mauchly, entregaron a la Oficina del Censo de Estados Unidos el primer ordenador comercial de la historia que recibió el nombre de UNIVAC I (Universal Automatic Computer I) con el objetivo de monitorear el así llamado baby boom, es decir, el sustancial incremento demográfico que se produjo en Estados Unidos a principios de los años 50. Puesto en funcionamiento el 14 de junio del mismo año, se vendieron 46 unidades a algunas empresas y al gobierno de los EE. UU.: además de la Oficina del Censo americana, el UNIVAC I fue adquirido por General Electric, empresa privada que lo empleó en su fábrica de electrodomésticos a Louisville para la gestión de las nóminas de pago de la empresa y para el sistema de control de inventario del depósito. ¿Qué tiene de tan extraordinario este invento? Se podría pensar que el precio de venta, entre 1,25 y 1,5 millones de dólares, o también su dimensión, ya que era grande como un enorme armario con un peso total de 13 toneladas. La verdadera revolución reside en el hecho de que por primera vez en la historia un ordenador fue utilizado para el procesamiento de los datos, y no solo para ecuaciones matemáticas y cálculos complicados, función principal hasta aquel momento. Además, por primera vez fue utilizado el término “automático”: todos los datos, números y letras, eran almacenados y leídos por una unidad de cinta metálica, sin introducir los programas manualmente. Un dispositivo innovador y visionario que el New York Times llamó “el genio matemático alto 2,42 m”, capaz de registrar y clasificar un ciudadano medio en base al género, estado civil, educación, residencia y otras informaciones en un sexto de segundo.
































