El Sitio Ramsar Jaaukanigás, en el norte de la provincia de Santa Fe, se despliega como un gran espejo fragmentado: láminas de agua que respiran con las lluvias, juncales que susurran con el viento y cielos que parecen interminables. Su nombre, que en lengua abipona significa “gente del agua”, no es solo una referencia histórica: es una definición ecológica. Aquí, el agua no es un fondo de paisaje, sino la fuerza que organiza la vida.

































