Un 6 de septiembre, pero de 1906, nacía Luis Federico Leloir, el segundo argentino ganador del Premio Nobel de Ciencias.
Luis Federico fue galardonado en 1970 por su trabajo sobre los nucleótidos de azúcar y su función en la fabricación de los hidratos de carbono. También creó la salsa golf.

Un 6 de septiembre, pero de 1906, nacía Luis Federico Leloir, el segundo argentino ganador del Premio Nobel de Ciencias.
Si bien, nació en París, Francia, ante la obligación de una enfermedad de su padre, este último y su madre fueron argentinos y el desarrolló casi la totalidad de su vida en Argentina.
Leloir se recibió de médico en la Facultad de Medicina de la UBA, en 1932. Se desempeñó en el Instituto de investigaciones Bioquímicas de la Fundación Campomar.
Realizó su tesis doctoral bajo la dirección de Bernardo Houssay (Premio Nobel de Medicina en 1947), quien se convirtió en su maestro, colega y referente a lo largo de casi cuatro décadas.
Se perfeccionó en la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y más tarde en centros académicos de Estados Unidos como la Universidad de San Luis y la Universidad de Columbia.
A su regreso a la Argentina, asumió la dirección del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de la Fundación Campomar (fundado en 1947 y hoy denominado Instituto Leloir), institución en la que trabajó durante 40 años e impulsó la formación de generaciones de investigadores.
A fines de la década de 1940, Leloir y su equipo descubrieron los nucleótidos de azúcar, compuestos químicos que cumplen una función esencial en el almacenamiento de energía celular y en la transformación de alimentos en combustible metabólico.
Sus hallazgos permitieron comprender las rutas metabólicas de los hidratos de carbono (cómo se sintetizan y descomponen los azúcares en los seres vivos) y abrieron el camino para explicar diversas enfermedades metabólicas congénitas.
En 1970 le fue otorgado el Premio Nobel de Química, convirtiéndose en el primer latinoamericano en recibir esta distinción en esa especialidad.
Cansado de comer langostinos acompañados únicamente con mayonesa, un joven Leloir decidió experimentar en la mesa combinando los aderezos disponibles.
Mezcló mayonesa con kétchup y le añadió unas gotas de salsa Tabasco, mostaza y un toque de coñac para darle contraste al sabor.
La mezcla resultó un éxito entre sus amigos y los mozos del lugar, quienes decidieron bautizarla como "salsa golf" en honor al club donde nació.





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