El temporal de nieve que afecta a la cordillera de los Andes volvió a complicar el tránsito entre Argentina y Chile y mantiene cerrado el Paso Internacional Cristo Redentor.
El corredor internacional que conecta Mendoza con Chile atraviesa uno de los períodos de interrupción más prolongados de los últimos años debido a las condiciones meteorológicas en la cordillera. La acumulación de camiones genera demoras y un fuerte impacto sobre el transporte de cargas.

La interrupción, que se prolongó durante varios días, dejó a cientos de transportistas a la espera de una mejora en las condiciones meteorológicas para poder continuar sus viajes. En julio, las autoridades llegaron a contabilizar alrededor de 1.550 camiones afectados por el cierre del corredor.
El paso es uno de los principales corredores para el intercambio comercial entre ambos países y su interrupción repercute especialmente sobre el transporte internacional de cargas. La situación también obliga a las autoridades mendocinas a organizar los vehículos en distintos puntos de espera para evitar una mayor congestión sobre la Ruta Nacional 7.
El Cristo Redentor conecta la provincia de Mendoza con la región chilena de Valparaíso a través de la cordillera y constituye una vía estratégica para el transporte terrestre entre ambos países.
Durante el invierno, la circulación por este corredor depende directamente de las condiciones meteorológicas. Las nevadas intensas, la acumulación de nieve sobre la calzada, las bajas temperaturas y la presencia de viento blanco pueden impedir que se garantice una circulación segura.
En julio, el cierre llegó a extenderse durante diez días consecutivos. Para entonces, el Gobierno de Mendoza había activado un protocolo especial de contención destinado a los transportistas, debido a que la interrupción había superado las 72 horas.
El operativo contempló la distribución de los camiones en diferentes sectores del corredor. Una parte permaneció en alta montaña, principalmente en Uspallata y áreas destinadas al estacionamiento y control, mientras que otros vehículos fueron trasladados hacia zonas más bajas para evitar la saturación de la Ruta Nacional 7.
De acuerdo con el relevamiento difundido entonces, unos 580 camiones permanecían en sectores de alta montaña, mientras que cerca de 900 habían sido derivados a paradores ubicados en el llano. Otros vehículos se encontraban en puntos intermedios del corredor.
La reapertura no depende solamente de que deje de nevar. Antes de permitir nuevamente el paso, los equipos deben despejar la ruta y comprobar que la infraestructura y la calzada presenten condiciones adecuadas para el tránsito.
Además, una vez habilitado el corredor, la circulación no necesariamente recupera de inmediato su ritmo habitual. La gran cantidad de vehículos acumulados durante los días de cierre obliga a implementar un esquema progresivo para evitar nuevos congestionamientos.
La prolongación de la interrupción genera un problema que va más allá de las demoras. Cada jornada que un camión permanece detenido representa costos para las empresas de transporte y para los propios trabajadores.
Los transportistas deben afrontar gastos asociados al combustible, alimentación, alojamiento o permanencia en los puntos de espera, salarios, seguros y mantenimiento de las unidades. A esto se suma el retraso en la entrega de las cargas y las dificultades para cumplir con los tiempos previstos en las operaciones comerciales.
La situación adquiere mayor dimensión por el volumen de vehículos que utiliza este corredor. Durante el cierre de julio, las autoridades mendocinas informaron que había unos 1.550 camiones varados en distintos puntos del corredor bioceánico.
Las organizaciones vinculadas al transporte vienen reclamando desde hace años mecanismos que permitan reducir el impacto de los cierres prolongados. El principal planteo apunta a mejorar la planificación de los operativos, la información disponible para los conductores y las condiciones de espera mientras permanece interrumpido el tránsito.
El problema tampoco se limita a los camiones. La interrupción del paso afecta al comercio bilateral y puede repercutir sobre el abastecimiento y los tiempos de entrega de distintos productos que utilizan el corredor terrestre para llegar a destino.
La experiencia de otros inviernos muestra que los cierres prolongados del Cristo Redentor pueden acumular importantes pérdidas para el sector. En 2023, por ejemplo, el corredor llegó a superar los 60 días de interrupción acumulada durante el año y las entidades del transporte estimaron pérdidas millonarias como consecuencia de la paralización de los vehículos y las cargas.
Para quienes tienen previsto viajar hacia Chile por vía terrestre, las autoridades recomiendan consultar el estado del paso antes de iniciar el recorrido. La situación puede cambiar rápidamente durante la temporada invernal y la habilitación del túnel está condicionada a que las condiciones permitan garantizar una circulación segura.
El Gobierno nacional mantiene un sistema de información sobre los pasos internacionales, donde se publican las modificaciones y cierres preventivos del Sistema Cristo Redentor. Durante 2026, el organismo informó en distintas oportunidades cierres y reaperturas vinculados con las condiciones meteorológicas de alta montaña.
Mientras continúen las nevadas y no estén dadas las condiciones para garantizar la transitabilidad, el principal objetivo de las autoridades es evitar que nuevos vehículos ingresen a sectores de la cordillera donde podrían quedar nuevamente detenidos. Para los transportistas que ya se encuentran en Mendoza, la espera continúa atada a la evolución del tiempo y a las tareas de despeje de la ruta.





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