El aumento de la radiación solar y el deterioro de la capa de ozono obligaron a mirar más allá de los datos clásicos del clima. Ya no alcanza con conocer la temperatura, la humedad o la sensación térmica: el Índice Ultravioleta (IUV) se volvió una referencia clave para medir riesgos concretos para la salud, sobre todo durante el verano.


































