Por primera vez en más de diez años, Beijing logró bajar sus niveles de smog a estándares considerados aceptables según la Organización Mundial de la Salud (OMS). El informe anual sobre medio ambiente de la ciudad marcó un descenso significativo en los niveles de partículas finas (PM2.5), uno de los contaminantes más peligrosos para la salud respiratoria.





































