En 1994, Argelia vivía el tercer año de una violenta guerra civil entre el gobierno y una combinación de distintos grupos rebeldes islamistas. El más fundamentalista de ellos era el Grupo Armado Islamista (GIA), que, cuando una de las facciones comenzó a negociar con las fuerzas oficiales, le declaró la guerra a sus otrora aliados y dejó de circunscribir su atención a la guerra de guerrillas y comenzó a llevar a cabo una serie de ataques hacia la población civil.

































