“Nuestra ciudad estaba sitiada” es la razón que Natasha indica para explicar por qué está a más de 1.135 kilómetros de su hogar, junto a su hija Victoria y su nieto Bogdan. Ante esa condición, explica que hubo a disposición no más que 15 colectivos para huir y que no sabían si habría lugar suficiente para llevar algunas de sus pertenencias, ni hasta dónde deberían cargarlas, por lo que sólo llegaron a Cracovia (Polonia) “con lo puesto”. El viaje también fue difícil: el colectivo los dejó en un potencial objetivo ruso, Odessa, donde tomaron un tren por más de 12 horas, donde usaban el compartimiento con otras seis personas y sin calefacción. Nunca está de más recordar que se afronta en la región una fuerte ola polar. Atrás quedaron sus hogares, sin cuidado de nadie y dentro todas sus pertenencias: “Tuvimos que huir”.


































