Al ser indagado sobre cuál sería la reacción británica frente al eventual despliegue de naves de guerra argentinas hacia la zona en disputa, Streeting respondió sin vacilaciones de forma afirmativa. Marcando distancias con los hechos acontecidos en 1982, el ministro remarcó que las capacidades defensivas desplegadas en el territorio insular garantizan el control británico, fundamentando además la posición de su país en los resultados del referéndum de 2013, donde la casi totalidad de la población local optó por continuar bajo el amparo de la Corona.