La frontera es la antesala a lo que viene. Prácticamente nadie cruza hacia Ucrania y las colas en sentido opuesto tardan más de tres horas hasta lograr realizar el trámite migratorio. Es que ya quedó claro que Rusia golpea con sus armas a toda Ucrania y no sólo a las regiones de interés. Ningún punto dentro del país es seguro. En ese marco, ver las miradas perdidas de miles de abuelos, madres y niños quita la esperanza. Dejaron atrás todo. Rutina, trabajo, escuela, padres, amigos, autos, casas, programa preferido, todo quedó atrás y solo importa huir de la muerte. Una vez más, la interacción de centenares de voluntarios de todas partes del mundo alienta a los pacientes desplazados y nos devuelve la otra cara de la esencia humana.