Sin mayor claridad sobre su futuro tras la ceremonia (Ya habían devuelto todo su equipo de Cadetes), los valerosos, todavía Cadetes, ingresaron al Patio de Honor del Colegio Militar en un “Silencio sepulcral”. Cualquiera que se detenga a ver un Egreso de Oficiales típico del Ejército Argentino, notará que cada integrante viste sus mejores galas, la Banda Militar entona las marchas más pintorescas, los familiares y amigos se desparraman entre abrazos, aplausos y fotos mientras las numerosas filas de flamantes Subtenientes avanzan a recibir sus sables, símbolo del mando que se les confía. En esta ocasión “Era una formación muy rara, creo que la Banda ni siquiera tocó algo más allá del Himno. Nosotros estábamos cambiados con uniformes de combate nuevo y no nos entregaron nada más que una tira de Subteniente colgada en nuestros pechos” cuenta el también liceísta Héctor Prechi. “Todavía puedo escuchar el resonar al unísono de los tacos de nuestros borceguíes que rompían el absoluto silencio que reinaba, mientras avanzábamos para que nos coloquen la tira”. Vale destacar que este escenario, sin la entrega de sables, despojado de invitados y público en general, sólo ocurrió con los egresos de otras dos de las 152 promociones del Colegio Militar de la Nación: la 150 y 151, en 2020, debido a los protocolos sanitarios vigentes por la pandemia de Coronavirus. En lo único que pensaba ese, todavía perplejo, Oficial era en qué sería de su destino a partir de ese momento. Al día siguiente muchos de ellos ya se subían a aviones para presentarse en los destinos que habían sido ordenados.