Valeria Sol Groisman no se deja encasillar. Periodista, licenciada en Comunicación, editora, docente, investigadora y novelista, su recorrido profesional es el resultado de una curiosidad permanente y de una inquietud que atraviesa disciplinas, géneros y formatos.
“Soy muy curiosa y muy hiperactiva y me interesan muchas cosas”, se definió, casi como punto de partida para entender una trayectoria que va del periodismo político a la divulgación científica, de la docencia universitaria a la literatura, y de la reflexión sobre las narrativas digitales al debate actual sobre inteligencia artificial.
Editora asociada de la revista Be Cult, directora académica del DP Campus de Periodismo Político (KAS), autora de más de diez libros, Groisman construyó una carrera que combina práctica profesional, pensamiento crítico y escritura creativa. Pero, como ella misma aclaró, ninguna etiqueta alcanza del todo: “Si te dijera ‘soy periodista’ me quedo corta, no porque me esté mandando la parte, sino porque hay muchas más cosas que me interesan”.
De la política a la ciencia, y de ahí a la cultura
Su formación comenzó en paralelo: periodismo en TEA y la Licenciatura en Comunicación en la UBA. Aunque el deseo original iba por otro lado. “Quería estudiar Letras, siempre me gustó escribir y leer, mi objetivo era ir hacia ahí”, recordó. Sus primeros pasos laborales estuvieron ligados a la política, como pasante en la sección Política del diario La Nación. Luego escribió discursos políticos para una consultora de opinión pública, una experiencia que terminó de despertar otro interés clave: la ciencia.
La escritura literaria sigue siendo su espacio más íntimo y creativo. Crédito: Flavio Raina.“Me empecé a interesar mucho por la ciencia y empecé a hacer comunicación científica”, explicó. Ese camino se consolidó y continúa hasta hoy, tanto para empresas e instituciones como desde la divulgación. Con el tiempo, el periodismo diario fue cediendo lugar al periodismo cultural, sin abandonar nunca la escritura literaria, que define como su espacio más íntimo: “Es lo que más disfruto”.
Narrativas e inteligencia artificial
La docencia es otra de las patas fundamentales de su recorrido. “Me recibí de periodista y al año siguiente empecé a dar clases”, contó. Enseñó en el Instituto Superior de Arte (TEA), la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES) y la Universidad de Belgrano (UB), y desde allí profundizó su investigación en “cómo se involucran o participan las emociones no solo en el consumo de información, sino también en la construcción de la noticia”.
Groisman advierte sobre la necesidad de alfabetización mediática. Crédito: Flavio Raina.Esa mirada la llevó a pensar el impacto de la inteligencia artificial en el periodismo desde un lugar menos apocalíptico y más crítico. “Estamos en un momento en el que se popularizó. Mucha gente la usa, pero eso no quiere decir que sepa usarla”, advirtió. Para Groisman, el gran problema es que se experimenta y se juega poco con estas herramientas. “Nos quedamos en pedirle información o resúmenes, y para eso no sirve la inteligencia artificial”, sostuvo.
Uno de los ejes que destaca es el cambio de paradigma en el acceso a la información. “Antes entrábamos a un medio o a un buscador. Hoy hay una lógica conversacional”, indicó, y lo vincula con el llamado efecto dopaminérgico: “Todo el tiempo hay recompensa inmediata. Eso pasa en redes sociales y también con la inteligencia artificial”.
En este marco, Groisman comentó que durante su participación en la IES WEEK en la ciudad de Santa Fe, invitó a reflexionar sobre los límites del uso de la inteligencia artificial con ejemplos concretos. “¿Te subirías un avión sin piloto, o sea, con inteligencia artificial?”, preguntó al auditorio, y remarcó que la mayoría respondió de manera negativa. “Si no hay un piloto o un médico supervisando, no. Y tampoco consumiríamos información producida solo por inteligencia artificial”, afirmó, y agregó que “el Digital News Report muestra que la gente todavía no se siente cómoda leyendo noticias totalmente hechas por inteligencia artificial”.
De esta manera, advirtió que su mayor preocupación pasa por la desinformación y sostuvo que “nos falta enseñar a usar herramientas simples para detectar irregularidades, sobre todo en imágenes”.
Herramienta colaborativa, no reemplazo
Lejos de plantear un escenario de reemplazo, Groisman propone pensar la inteligencia artificial como una aliada del trabajo periodístico y creativo. “Debería servir como una herramienta que potencie nuestra inteligencia”, sostuvo, y puso como ejemplo el impacto en tareas mecánicas: “Hoy cargo una entrevista de dos horas en un ‘transcriptor’ y en un minuto la tengo lista; después la reviso y la edito, pero el tiempo es otro”.
Groisman combina periodismo, docencia y literatura en su trayectoria. Crédito: Flavio Raina.En la misma línea, destacó que “podés leer cien o quinientos expedientes en minutos y, a partir de eso, trabajar”, aunque aclaró que su valor está en el uso colaborativo y no automático. Sin embargo, advirtió sobre la incorporación acelerada de estas tecnologías. “La inteligencia artificial es una creación humana y la estamos usando sin pensar qué necesitamos realmente”, señaló.
En cuanto a la escritura, fue categórica: “No veo textos de calidad producidos por inteligencia artificial; los humanos seguimos escribiendo mucho mejor”. Ese límite se vuelve aún más claro en el plano literario: “No me interesa leer textos hechos por IA, porque leemos personas, ideas y emociones”.
Asimismo expresó su preocupación por la desinformación, en especial en imágenes y videos: “Me inquieta mucho más eso que la escritura”, y advirtió sobre la falta de alfabetización mediática: “En las escuelas los chicos no están aprendiendo a consumir críticamente los medios, y eso es grave”.
Vantablack: ciencia, amistad y redes invisibles
Todas estas inquietudes confluyen en Vantablack, su segunda novela. La historia gira en torno a dos amigas octogenarias enfrentadas en un juicio, atravesadas por secretos, culpas y malos entendidos. Una de ellas es una artista que deja de pintar tras descubrir el negro más negro, creado con nanotubos de carbono. “Es un negro que parece profundidad, como un agujero”, describió Groisman.
Vantablack explora ciencia, secretos y conexiones invisibles. Crédito: Flavio Raina.La novela incorpora otros dos universos que la obsesionan: el de las hormigas y el de los hongos alucinógenos. “Las hormigas no tienen una inteligencia individual, sino colectiva”, explicó, y encuentra allí un espejo de las dinámicas en red actuales. Algo similar ocurre con los hongos y su micelio: “Todo está conectado”.
Ese entramado científico y simbólico sostiene un mensaje de fondo. “Tal vez si pensáramos más de manera colectiva, como las hormigas podríamos lograr cosas mucho más importantes”, reflexionó. Para Groisman, tanto en la literatura como en la reflexión sobre inteligencia artificial, la pregunta de fondo es la misma: “Tenemos que pensar qué queremos como sociedad, y no solo correr detrás de la moda”.
En Vantablack, como en su recorrido profesional, la escritura aparece como un espacio para explorar sentidos, cuestionar certezas y volver una y otra vez sobre la misma inquietud: por qué creemos lo que creemos y cómo construimos, colectivamente, los discursos que nos definen.