Quienes creen en esa pregunta, a criterio de Karl Popper, "descuentan que el poder político es, en esencia, soberano". Y, siendo eso así, también "suponen tácitamente que el poder político se halla 'esencialmente' libre de control". Además de explicitar los presupuestos que importa tomar ese punto de partida, luego expuso sus consecuencias. Es que al concebir la política de esa manera, sigue como derivación lógica que el "el único problema de importancia será, entonces, el de '¿Quién debe ser el soberano?' " . Pero los que postulan esa posición, señaló el filósofo, incluso admiten que no siempre los gobernantes son "buenos" o "sabios". Hasta él mismo consideró que es una constatación que enseña la historia que "rara vez se han mostrado los gobernantes por encima del término medio, ya sea moral o intelectualmente, y sí, frecuentemente, por debajo de éste". Ello le permitió preguntarse en su ensayo: "¿por qué el pensamiento político no encara desde el comienzo la posibilidad de un gobierno malo y la conveniencia de prepararnos para soportar a los malos gobernantes, en el caso de que falten los mejores?".