El año pasado, por primera vez, dejaba de hacer el programa diario. Yo creí ver, equivocadamente, un principio de "afloje" en la vitalidad de este pibe de ochenta. Pues no: duplicó o triplicó la cantidad de notas que enviaba. A sus dos columnas (Miradas desde el sur y Lo que pasa allá), agregamos otra: "Antes que me olvide", que es también el nombre de uno de sus tantos libros, y en la que volcaba recuerdos, personajes, miradas, de deliciosa lectura. Si hablaba de los bombardeos en la plaza, pues, no se la contaron o no lo leyó: estuvo allí. Si hablaba de algún personaje importante, no era de oídas: lo conoció o lo trató. Ya, a esta altura, era una suerte de archivo vivo de los últimos, trajinados, febriles sesenta años de nuestro país…