"Disculpe, señor -dice el mozo- tengo que cobrarle porque está por llegar el fin del mundo".
En un bar, un mozo, con un anuncio inesperado, desata una serie de reacciones que oscilan entre la incredulidad y el desconcierto.

"Disculpe, señor -dice el mozo- tengo que cobrarle porque está por llegar el fin del mundo".
El hombre, bajo, calvo, entrado en carnes, abogado, creyó haber entendido mal. Supuso que le había dicho que terminaba su turno, y por eso tenía que cobrarle el consumo de café y sándwich pedido media hora atrás.
Sin embargo, la frase del mozo quedó repercutiendo en él. "¿Cómo me dijo?", preguntó con ligera sonrisa, pronto a comprender el sentido de sus palabras. No terminaba de interpretar la broma, si lo era.
"El fin del mundo -insistió el mozo- rayos y centellas, los jinetes del Apocalipsis, todo eso junto, va a ser un gran espectáculo". "Eso del fin del mundo lo leí en un cuento". "Pero esto no es cuento, lo va a poder ver en vivo y en directo".
El hombre, de la tribu de los calmos, se sintió un tonto al que se le estaban burlando. Abuso de confianza, porque no conocía al mozo y era la primera vez que entraba a ese bar.
Pasó del usted al vos en un segundo: "¿Me estás tomando el pelo?". "No señor, de ninguna manera", dijo el mozo mientras le alcanzaba un papel.
"¿Qué me estás dando?", el calvo seguía muy enojado. "La letra de las canciones que vamos a cantar". Qué canciones, cuándo, preguntó con su mirada indignada.
"Las canciones de alabanza al Señor, Hosana y esas cosas. Acá no se puede estar en los dos lados. Además, mejor cantar que aguantar el enojo".
"¿Qué enojo?", preguntó, intrigado. "El enojo, la Ira, la Ira Divina, imagínese, hay que evitarla. La canción se aprende en un segundo".
"Los cuatro jinetes, la Ira, la canción. Vos estás del tomate", dijo el calvo, de nuevo indignado. "Mejor te pago y me voy, acá están todos locos".
Salió a la calle, súbitamente solitaria. Al fondo, se amontonaban las nubes oscuras. Detrás de ellas, los rayos. Creyó escuchar gemidos, palabras sueltas, gritos sofocados. Le pareció escuchar trompetas y timbales.
Mejor me apuro, pensó. Si me agarra esta tormenta estoy listo.
(*) Ciclo de publicaciones periódicas que cuenta con textos inéditos de Carlos Roberto Morán e ilustraciones de su hijo, Gerardo Morán.




