Al estar dispuesto a rememorar, tanto un testigo como una víctima cuentan -en primera persona- lo que vieron, escucharon o padecieron. Recuerdan, en el presente, lo acontecido hace años atrás. Desde otro lugar, el historiador o el juez narran -en tercera persona- el fruto de lo investigado, también en la actualidad, sobre lo sucedido pretéritamente. Más allá de las diferencias o posible equiparación entre la labor del juez y el historiador (abordadas hace tiempo por el jurista Piero Calamandrei o, más recientemente, por el historiador Carlo Ginzburg), lo esencial es que en ambos hay una construcción crítica y metodológica que los distingue de la conformación que se efectúa en una "memoria sectorial" o "discursos de la memoria", sustentada esencialmente en el relato de las víctimas de hechos trágicos.

































