De un tintero agnóstico -no beligerante- puede una pluma escribir Dios con mayúscula. Si no por el don de la fe, por respeto a quienes la profesan, a la historia y a la antropología; no hay civilización en la que la noción de un ser supremo no haya estado presente. Desde Sumaria a nuestros días, incluso en los estados constitucionales hijos de la ilustración.



































