"Los Sangurimas" (1934), de José de la Cuadra, es una de las obras fundamentales del llamado realismo social ecuatoriano y, al mismo tiempo, un libro singular dentro de la narrativa latinoamericana de la primera mitad del siglo XX.
La obra de José de la Cuadra, "Los Sangurimas", se destaca por su enfoque crudo y antropológico sobre una comunidad ecuatoriana, evitando el costumbrismo.

"Los Sangurimas" (1934), de José de la Cuadra, es una de las obras fundamentales del llamado realismo social ecuatoriano y, al mismo tiempo, un libro singular dentro de la narrativa latinoamericana de la primera mitad del siglo XX.
Más que una novela convencional, el texto se presenta como una crónica fragmentaria y coral sobre una familia montuvia asentada en la costa ecuatoriana, cuya violencia interna y cohesión tribal convierten el relato en una suerte de mito fundacional oscuro.
La obra narra la historia de los Sangurima, clan patriarcal dominado por Nicasio Sangurima, figura autoritaria y casi legendaria, cuya presencia organiza el territorio, las lealtades y los conflictos.
A través de episodios relativamente autónomos -relatos de venganzas, incestos, crímenes, disputas familiares y rituales cotidianos-, el libro construye una visión total de una comunidad regida por una ley propia, ajena al orden estatal y jurídico. No hay una progresión narrativa clásica, sino una acumulación de escenas que refuerzan el carácter cerrado, arcaico y violento del mundo representado.
El tono es seco, contenido y deliberadamente despojado de sentimentalismo. De la Cuadra evita el costumbrismo pintoresco y la idealización del campesinado: su mirada es dura, casi antropológica, aunque no exenta de una intensidad trágica que atraviesa todo el libro.
La violencia no aparece como excepción, sino como norma estructural de la vida familiar y social. El lenguaje incorpora giros regionales y una sintaxis directa, sin ornamentos, que refuerza la sensación de fatalidad y clausura.
Entre los episodios más recordados se encuentran aquellos centrados en la figura de Nicasio, verdadero eje simbólico del libro, y los relatos de castigos ejemplares, ajustes de cuentas y transgresiones internas que sellan el destino de los miembros del clan.
Cada historia, aun breve, contribuye a la construcción de un universo coherente donde la herencia, la sangre y el poder masculino determinan el curso de los acontecimientos.
Desde el punto de vista estético e ideológico, "Los Sangurimas" dialoga con el regionalismo latinoamericano, pero lo excede. Comparte con obras como "Doña Bárbara" o "La vorágine" el interés por los espacios marginales y la violencia rural, aunque su originalidad reside en la estructura fragmentaria y en la ausencia de una tesis explícita.
No hay aquí un discurso moralizante ni un programa político directo, sino una representación implacable de una forma de vida condenada por su propio encierro.
En relación con la obra posterior de José de la Cuadra, Los Sangurimas representa su punto más alto y su texto más influyente. Condensa su preocupación por las clases rurales, la injusticia estructural y la brutalidad social, pero lo hace con una eficacia narrativa que evita el panfleto.
Su importancia radica en haber creado una mitología familiar y social que anticipa desarrollos posteriores del realismo crítico latinoamericano y que sigue siendo una referencia ineludible para pensar la violencia, la tradición y el poder en la narrativa del continente. El prólogo es de Rafael Reig.
+ INFO
"Los Sangurimas", obra de José de la Cuadra, publicada por la editorial Libros de la Ballena. España, 2013 (130 páginas).




