Siguiendo con los modernos, no podemos olvidar a John Locke, el paladín de la disputa entre conflicto y derechos individuales. Tanto en su obra "Dos tratados sobre el gobierno civil", como también en "Ensayo sobre el gobierno civil", sostuvo que los individuos tienen derechos naturales inalienables, como la vida misma, la libertad y la propiedad privada. El papel del Estado, según Locke, es proteger estos derechos y garantizar la seguridad y la paz social. Sin embargo, es necesario reconocer que el conflicto puede surgir cuando el Estado infringe estos derechos, o cuando hay disputas sobre su interpretación y cuando él mismo no es capaz de garantizarlos correctamente. En este sentido, el conflicto sería una fuerza que puede desafiar siempre la legitimidad del poder político y justificar incluso la resistencia o la revolución. Como podemos apreciar, con Locke el estado de naturaleza reaparece en su condición subyugada pero condicionada por un estado civil cuya racionalidad es la ley, la cual nos enseña a todos que las cosas funcionarán correctamente siempre y cuando la misma se aplique con ecuanimidad para todos.