Básicamente, el título de la presente entrega sugiere una sola cosa, porque hablar de los hobbits, por más que no se trate de una raza de hombres, es sin duda hablar de personas comunes. De ahí, por un lado podríamos decir que se intentará arribar a una especie de presupuesto filosófico de los hobbits en el plano de "lo real", esto es, a través del lente del príncipe de las paradojas, G.K. Chesterton. Y, por el otro, escudriñar el carácter festivo -con la ayuda del filósofo alemán Josef Pieper- y, por tanto, lleno de vitalidad de los hobbits según lo concibió el padre de la fantasía épica moderna, J.R.R. Tolkien en el inicio de la obra "El Señor de los Anillos", es decir cuando se dispuso a crear esos pequeños seres comunes y magistrales. Aunque vale aclarar que más bien es padre en el sentido de una concepción tradicional del mundo, mas no utilizaré la clasificación academicista para etiquetar, como siempre acostumbra el pensamiento moderno, con su pretendido aire de racionalidad, término precisamente opuesto a lo fantástico, porque el hombre no solo vive de su razón ni mucho menos de ciertas filosofías de la "razón pura" como se jacta el moderno para absolutizar todos los ámbitos de la existencia.


































