Miguel Lifschitz nos dejó cuando el mundo giró en una curva tan abierta e incierta que aún no ha terminado de encontrar la recta por la que la realidad debería continuar su curso. Al igual que apuntaba de su época Stefan Zweig en "El mundo de ayer", nuestro tiempo nos ha dado una nueva organización de la simultaneidad pero aún carecemos de pericia para interpelarlo.


































