Hace exactamente un mes, con la preocupación de quien disfruta del fútbol, y mucho más de un mundial de fútbol –hay que dar gracias que, por nuestros debilitados corazones, sucede cada cuatro años-, escribía con inquietud, casi desazón, sobre el tropiezo inicial de nuestra selección de fútbol. Con todas las expectativas puestas en el mejor jugador del mundial, que gracias a poderes superiores pertenece a nuestra nacionalidad, asistíamos a una derrota que llenaba de dudas y miedos ulteriores.


































