Recuerdo el acto en esa esquina céntrica -Habegger y Obligado- con un Raúl Alfonsín sobre lo alto de la tarima que convocaba a la ciudadanía con su rezo laico a "constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad (…)". Previo a Alfonsín había hablado Carlos Alberto Fabrissin. Como era de rigor, continuamos, muy tarde, en la YPF del bulevar Hipólito Yrigoyen. Todos exultantes por la convocatoria que de alguna forma nos anticipaba un triunfo, hasta los más recelosos lo percibían, como el que el 30 de octubre de 1983 se concretó.